Acerca de Peludo Taller
La primera vez que le hice un pompón a una caniche que no era mía lo hice de pie en la bañera de mi departamento, con una secadora de uso personal y un YouTube abierto en el teléfono. Era la caniche de una compañera del trabajo. Me la pidió porque a ella tampoco le daban turno en la peluquería del barrio. Cobré lo que cuesta una vuelta de cosméticos de barrio: nada.
Peludo Taller arranca de ahí. No de un diploma de peluquería canina, no de una certificación veterinaria. De una caniche toy ocre llamada Curly que adopté en 2022 y que necesitaba baño y tijera cada tres semanas mientras la peluquería más cercana tardaba dos semanas en dar turno. Lo básico se convirtió en visitas de las schnauzers de las amigas, después en perros de gente del trabajo, y para mediados de 2024 ya estaba acomodando la galería del fondo de mi casa en Córdoba para tener una mesa firme de verdad.
Este sitio es el registro de ese proceso: qué cursos compré, qué cambió en la mesa después de mirarlos, y qué no valió la pena. Cada reseña arranca con tres datos que me parecen necesarios: si pagué el curso completo o entré con acceso parcial, si lo terminé de principio a fin o lo dejé a la mitad, y si le diría a alguien que está empezando que lo compre antes de dedicarle el fin de semana.
No soy veterinaria, nunca estudié peluquería canina formalmente, y no pertenezco a ninguna asociación del rubro. Lo que aparece aquí viene de la mesa, no de un aula.
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